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17 abr. 2012

Capítulo 8: Revelaciones


“No quiero seguir durmiendo, no se atreva a inyectarme nada en el suero y por favor muero de hambre.” Le supliqué y amenacé a la jefa de enfermeras.
“Pero querida, no tienes que esforzarte y si quieres comer en un momento pediré que te traigan algo.”
Querida un cuerno, apenas curvé mis labios hacia arriba para responderle y claro está, que eso no le gustó a la obesa señora.
Se retiró de la habitación y tan pronto lo hizo comencé a maldecir en voz alta. Creo que dije todos los insultos habidos  y por haber, una vez hube terminado tomé el pequeño reloj de la mesita que se encontraba a un lado de la cama; y me exalté al ver que eran las cuatros de la madrugada.
Hice mentalmente el cálculo, no podían haber pasado tan solo ocho horas; cuando la sonriente señora regresó con la bandeja, la abordé con la pregunta de cuánto tiempo estuve inconciente.
“Contando la hora desde que ingresaste, creo que alrededor de unas 16 o 17 hs., linda.”
“Qué? Más de un día, por qué?”
Le grité todas las palabras.


Cómo es posible que dejaran que me hicieran eso, en qué estaría pensando Shion y por sobre todo, por qué nadie estaba allí esperando a que me despertara.
“Oh, cielo, es que perdiste demasiada sangre y necesitaste varias transfusiones, además te encontrabas muy alterada y necesitábamos que estés calmada para que te recuperes.”
La voz de la enfermera interrumpió mis pensamientos. Asentí en respuesta de su aclaración y seguí inmersa en mi debate interno.
Qué estúpido de mi parte, la respuesta de por qué nadie se encontraba allí era fácil, y era porque les había mentido. Y también, deben de haberse asustado y deberían odiarme demasiado como para preocuparse por mí.
La mujer debió notar la pena y el dolor reflejados en mi rostro, ya que inmediatamente trató de animarme.
“Tus amigos estuvieron aquí toda la noche, desde que fueron ingresados y gran parte del día también, pero debimos echarlos para poder controlarte mejor. Ellos se opusieron, por lo que debí amenazarlos diciendo que si no lo hacían les prohibiría la entrada. No estés desanimada, eso no ayuda a tu recuperación.”
“Y el estar sola y encerrada en este cuarto, hará que pierda la cordura también.”
Me quejé haciendo un puchero, al tratar de cruzar los brazos sobre mi pecho, un insoportable dolor me atrapó e instantáneamente chillé.
“Con cuidado, no solo tienes diversos cortes, sino que también te dislocaste el hombro. Lo que me recuerda, y perdóname la intromisión,  cómo es que te has hecho eso?”
“A decir verdad, no lo recuerdo claramente.”


Claro, qué le podía decir. Ahhh!!!, algo como esto quizás: -Soy una cazadora de demonios y un Truks me mordió, cuando trataba de salvar a mis amigos-
Como si me fuera a creer y eso solo sería lo mínimo que haría, llamaría al primer neuropsiquiátrico que figurara en el directorio y me reservaría una cama de por vida.
“Descansa, vendré en un rato a retirar la bandeja.”
“Esto…cómo se encuentra Scott?” pedí.
“Ah, te refieres al muchacho que vino con ustedes? No te inquietes por él, está mucho mejor.”
“No podrían cambiarme de habitación y quizás, si quisieran me pondrían en su misma habitación. De ese modo no estaré sola y mi cordura no correrá ningún riesgo, por favor?”
Le supliqué y le hice ojitos (parpadeé rápidamente unas cuantas veces y mis ojos parecían cual niño pequeño) con lo que a menudo conseguía cualquier cosa. Ella no fue la excepción a la regla tampoco, ya que luego de discutir conmigo una hora entera, accedió a mi pedido.
“Gracias, gracias, pero muchísimas gracias…”
Le dije efusivamente, mientras me llevaban a la habitación 405.


Como me supuse el chico estaba dormido, qué bien pensé, yo no tenía sueño y no tenía con quien hablar. Al rato de que me instalaran a un lado de su cama, se despertó y me observó como si fuese alguna clase de fantasma.
“Cómo…cuándo…”
“No te alteres, he pedido que me trasladaran, me iba a morir se seguía sola en esa habitación.”
“OK, es agradable verte” me dijo con una amplia sonrisa.
Comenzamos a charlar y llegamos al punto donde me preguntó que había sucedido. Como no conocía la versión que dieron como “oficial”, opté por lo más simplista que se me ocurrió y le dije que presentimos que algo no andaba bien y que salimos a buscarlos.
No trató de sonsacarme más información, desconozco la razón y di gracias una vez más por eso. Seguimos hablando sobre el baile, Rach y otro millón de cosas más.
“Estoy muerta, ya llegaron” dije.
“Ehh? Qué dices, quién llegó?”
“Todas” suspiré.


Unos diez minutos más tarde, mis amigas, Shion y Alex cruzaban la puerta. Sentí todas las inquisidoras miradas a mí alrededor, no necesité ver en sus mentes  ya que sus ojos reflejaban todos sus pensamientos.
Luz comenzó a gesticular alguna palabra, pero la interrumpí.
“En casa”
No me aguanté y miré el interior de sus mentes, y vi el alivio de verme bien. Pero, también estaban enfadadas por miles de razones justificables.
“En casa” volví a decir.
“Qué te sucede? Rach, nena, qué pasa?” preguntó Scott claramente alarmado.
“Nada, es que solo no les avisé que me trasladaban y por eso se han enojado conmigo” le expliqué.
“Si ella tiene toda la razón, cómo estás hoy?” le preguntó Rachel.
“Perfectamente, no veo la hora de que me den el alta. Si no fuera porque la trajeron aquí (señalándome con su dedo índice) moriría de aburrimiento, pero ahora mismo lo preferiría. Ella es una molestia, jajajajaj….”
“Dímelo a mi, yo vivo con ella” se quejó ella.
Todos se rieron de su broma, pero sabía que no lo era y también se cuanto daño les he hecho.
“Ya va siendo hora de que se vallan, llegaran tarde” les regañó Shion.
“En casa, ya les dije” volví a decir.
Ellas asintieron y gracias al cielo se marcharon de una vez.


Disfruté el que la abuela no pudiera darme un sermón de tres horas,  y casi sonreí al pensar que tal vez no lo pudiera hacer por hoy.
Como ya me sentía mucho mejor, convencí a la anciana para que me apoyara en conseguir me alta médica y casi unas tres horas y media más tarde por fin el médico firmó los benditos papeles. El Doc. Firmó con la condición que me fuera por la tarde y antes debía hacerme unos exámenes; ya les dije cuanto odio las agujas?
Cuando por fin pudimos largarnos de ese lugar, ya sería la hora del almuerzo en la escuela y supuse que deberían estar explicando lo sucedido.
Shion tomó su pequeño celular y marcó algún número al que no le presté atención.
“A quién llamas?”
“A Rachel, les avisaré que ya estamos en casa y haber si así se calman.”
“Si te parece” le dije encogiéndome.
Ahora que lo pienso, antes había enviado un texto y de seguro era a Rach a quien se lo envió. Informando de mi salida.
“Rach, si. Toma, quiere hablar contigo” me dijo sosteniendo el móvil.
“Qué? No me molestes, para eso querías hablar? Y muchas gracias por preguntar cómo estaba…”
Me interrumpió con su rizota y me cortó, ni siquiera me dejó decir adiós. Bueno, si lo sé, lo tengo merecido. Pero aún así y no es para nada educado lo que me hizo.


Pasaron algunas horas hasta que tuve noticias de mis amigas, ellas me pidieron que me reuniera con ellas en la biblioteca.
Nos sentamos, pero nadie tomó la iniciativa y luego de unos minutos Luz rompió el hielo.
“Lo haces cuando quieres?” preguntó.
“Al principio no lo controlaba, pero Shion me ayudó y ahora puedo hacerlo a mi entero antojo. Recuerdas la noche cuando hablamos del baile y te reíste?”
“Si y tu…”
En ese instante Luz se puso pálida y al medio segundo más tarde su cara se volvió roja como un tomate. La cara de las otras dos chicas era un pleno signo de pregunta.
“Se lo explicas tu, o lo hago yo?” le increpé.
“No estamos hablando sobre eso, el punto es que no nos tienes confianza y lo peor de todo, es que no te importamos en lo más mínimo” me gritó.
“No seas melodramática. Si no me importaran, no hubiera hecho de sebo y no es que no les tenga confianza; es solo…
Miren, ni yo misma conozco el verdadero alcance de mis poderes o cuales tengo. Solo  tengo conocimiento de los actuales, les pido perdón y también  les pido que traten de verlo desde mi punto de vista. Pensé que se asustarían.”
“A decir verdad, si estamos asustadas. Pero no por nosotras y creo que hablo por todas cuando digo que estamos asustadas por ti, has cambiado mucho, pero aún así eras nuestra hermana y te queremos” me dijo Carol.


Reprimí las lágrimas que amenazaban con brotar incontrolablemente de mis ojos.
“Está bien, puedes llorar delante de nosotras. No tienes que ser fuerte todo el tiempo” la voz de Rach estuvo llena de ternura.
“Perdón, pero es como soy y no tiene anda que ver con ustedes o Shion, o nadie. Simplemente… soy así.
Ahora la pregunta más importante, me perdonan?”
Ellas no dijeron palabra alguna, comenzaba a sentirme deprimida y el vacío en mi pecho crecía a cada segundo. Justo cuando creí que no soportaría más silencio, en sus rostros se dibujó una sonrisa y mi corazón latía cada más fuerte con cada una.
No soporté la espera y me escurrí dentro de sus mentes.
“Pero hay condiciones” me quejé haciendo un gran puchero.
“Oye, no se vale” la niña interna de Carol gritó.
“SI se vale, si me van a tener esperando” me quejé.
“Primero, no harás esa cosa de vernos las  mentes. Segundo, nos dirás con lujo de detalles todos tus poderes. Tercero, no más mentiras y ni pienses en ocultarnos nada. Cuarto, para perdonarte te tendrás que someter a un arduo interrogatorio” dijo Carol.
“No les prometo todo, hay cosas que no quiero hablar y otras de las cuales no se mucho. No voy a mentirles nunca más, pero tienen que entender que para mi hay temas que me ponen más que incómoda y me duele hablar de ello.”


“Bueno creo que hemos llegado a un acuerdo, chicas esto amerita una pijamada y tu (señalándome con el dedo) prepárate para responder” amenazó Luz.
Todas se abalanzaron sobre mí, tirándome al suelo y haciéndome cosquillas.
“Hey, estoy lesionada recuerdan” les recordé.
No importa cuanto supliqué o que excusas ponga, no me soltarían y eso me hace demasiado feliz. Preparamos todo lo necesario para la mini fiesta y nos pusimos nuestras ropas de dormir.
Elegimos mi dormitorio, ya que contaba con aquel conjuro que no  permitía que nos escucharan.


“Cuál de las dos nos aclarará por qué Luz se puso así hace un rato” pidió Carol.
“Yo no diré nada” le dije levantando mis manos como defensa.
“Ok…es que”
“Espera, primero empecemos con Eris” indicó Rach.
“Clarooo, bueno qué más puedes hacer?”
Tomé una profunda respiración y comencé.
“Bueno no solo puedo leer mentes, sino también hacerte ver cosas que yo quiero y que en verdad no se encuentran allí. Y además soy capaz de desmembrar a los demonios si me concentro.”
“Increíble.”
“Cómo lo sabes?” instó Carol.
“Durante algunos entrenamientos, Shion puso unos muñecos y ahí fue donde comprendimos el alcance de este poder.”
“Y cuando estábamos peleando y buscando a Rachel, cómo te diste cuenta de los Truks?”
“Eso no lo comprendo muy bien aún, solo sé que puedo sentirlos incluso mejor que cualquier cazador y también se debió a que puedo saber que hay en su mente, debido a que instantáneamente una parte de mi mente se conecta con la de ellos.”
Las preguntas seguían lloviendo una tras otra, ya casi me quedaba sin respuestas cuando cambiaron el tema.

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