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23 abr. 2012

Capítulo 14: Interminable


Los días que subsiguieron fueron desastrosos. Toda una semana de peleas interminables, a veces pensábamos que nunca pararía y llegamos a creerlo. Era la última semana antes del receso de invierno y las fiestas de fin de año. Parecía como que si la posibilidad de pasar una semana en las montañas, fuera totalmente ajena a nuestra realidad y eso dolía.
Desde el incidente del Dorian, todo empeoró y no exagero.


La noche siguiente a nuestro, casi, mortal encuentro con aquel demonio carroñero, tuvimos que dividirnos en dos grupos y de esa forma poder atrapar a los Trucks que rondaban los límites de la ciudad.
Uno de los grupos estaba formado por Rach, Luz y Shion, mientras que el otro lo conformábamos Carol, Alexander y yo. Por alguna razón que desconocía, algo en esto no me gustaba y dudaba mucho que todo marchara bien.
Pude diferenciar al menos veinte Trucks, los cuales se dispersaron en cuatro grupos y nos hacían bailar de un lado al otro de la ciudad. Lo más raro de todo fue cuando nos acercábamos a una fábrica abandonada en el límite oeste de la ciudad, cada vez que nos situábamos a unos diez kilómetros de ese lugar, los demonios rápidamente nos movilizaban en otra dirección y corríamos nuevamente en círculos.


La cuarta vez que hicieron la misma maniobra, atisbé un pensamiento de uno de nuestros enemigos y mis pies se congelaron.
“Rach, vuelvan a la fábrica abandonada de este lado de la ciudad y no se detengan…
Maten a cualquier demonio que se les cruce y si ellos tratan de que los sigan, no lo hagan. Hay un nido y ellos tratan de distraernos” le dije por medio del lazo mental.
“Cómo?! Estás segura?”
“Si, vi un pensamiento de uno de ellos y ahora que estaba atando los cabos sueltos, me doy cuenta de su estrategia para matarnos”
“De acuerdo nos apresuraremos, ya le aviso a Shion y Eris…!
“Si?”
“Tengan cuidado”
“Ustedes también”
“Qué sucede?” me pidió Alex.
“Un nido, en la fábrica” dije tajante.
“Claroooo, por eso nos estaban haciendo andar en círculos” exclamó Carol.
“Muy bien, encaminémonos a nuestro destino y que las demás nos alcancen” sentenció Alexander.


Los tres nos dirigimos hacia la fábrica, sabiendo que los demonios harían lo que fuera por matarnos y de algo estábamos seguros… no lo conseguirían.
Apenas habíamos recorrido unos cinco kilómetros, cuando uno de los cuatro grupos de Trucks se abalanzaron sobre nosotros y supuse que para ellos eso sería una emboscada.
Cuatro de los cinco demonios sobre nosotras y el restante se ocupó de Alexander, eso fue un gravísimo error. Ellos pensaron que las potenciales amenazas éramos nosotras, por descarte el chico no parecía rival y en ello tenían razón; ninguna de estas bestias era rival para Alexander y así fue como se lo demostró.
Hizo un magnífico trabajo, cortando a la mitad al muy despreciable y luego corrió en nuestra ayuda.


Tras haber eliminado a nuestros enemigos, seguimos nuestro camino hacia el nido y ahí nos esperaban al menos otros veinte Trucks. Leyendo la mente de Carol, rápidamente me apresuré a responder a su pregunta inexistente.
“No son los mismos que perseguíamos, aún quedan otros veinte”
“No importa cuantos sean, vamos a eliminarlos” dijo Alex.
“Recuerdan el entrenamiento?” quise saber.
“Por supuesto” respondieron.
Y sin más nos lanzamos a la lucha.
Carol materializó sus largas dagas y con una magnífica rapidez les había cortado la garganta a cuatro demonios. Alexander no se quedaba atrás, ya que su Katana Murder ya había despedazado a otros ocho.
“Lo siento, el resto es mío” les dije.


Con un delicado movimiento de mi mano izquierda, la alcé sobre mi cabeza y una esfera de sangre surgió en mi palma. De ella salieron doce rayos de sangre, que se clavaron a un lado de los cuellos de los demonios y como si fuera un láser se abrieron paso horizontalmente por los cuellos de las bestias desprendiendo las cabezas de sus torsos, dejando un regadero de sangre.
“Wow Eris, sensacional” aclamó Carol.
“En verdad nunca me dejas de sorprender” siguió Al.
“No es para tanto” dije sonrojándome.



Una vez liquidados los obstáculos, nos adentramos en la destartalada estructura y vislumbramos un amplio espacio. En ambos laterales se extendían dos enormes escaleras de hierro, que de seguro conducían a los niveles superiores y al final, justo en frente, había un hueco en la pared que supusimos sería le ascensor.
“Entre más oscuro mejor para ellos” bromeó Alexander.
“No creo que estas poleas nos aguanten” dijo Carol.
“Materialicemos unas cuerdas” dije.
“Ejem… yo no puedo, alguna tendrá que bajarme” dijo apenado.
“Eris lo hará” finalizó Carol.
Vale, podría ponerme a pelear como una chiquilla en esta situación? De acuerdo si podría, pero no debería.


Con Carol nos paramos sobre el umbral de la boa del lobo, y apuntamos nuestros índices hacia arriba dentro del agujero. Al momento de estos salían eslabones formando nuestra cadena de descenso.
“Yo voy primero” dijo Carol.
Yo solo asentí.
“Vamos, abrázate a mi cuerpo y no te sueltes” le dije a Alexander.
Por la mirada que me echó, supuse que no sabía nada y aproveché el momento para divertirme un poco.
“Supongo que sabes que s tocas mi sangre, ésta te tomará como enemigo y te atacará; por ende ambos caeríamos la vacío de esta cosa” le dije enarcando una ceja.
“Pues ni modo, con permiso” me dijo.


Enrollé mi mano izquierda en la cadena y una vez que Al pasó sus brazos por mi cuello, me balanceé con él en el hueco para comenzar a bajar.
“Cruza tus piernas detrás de mi” ordené.
En el momento en que lo hizo, mi tatuaje ardió endemoniadamente y no fue placentero como otras veces, Dios dolía como el infierno.
“Hay!!!!” solo oí y Alex se soltó de su agarre.
Apenas tuve tiempo de hacer algo y juro por lo que más quiero, que este chico un día logrará que lo mate.


Logré entrelazar mis piernas por debajo de sus brazos y lo atraje hacia mí. Hubiera preferido que Carol no iluminara el conducto con pequeñas esferas destellantes y así no ver la vergonzosa escena.
Mi mala suerte reinaba sobre mí una vez más; no solo que mis piernas rodeaban el musculoso torso de Alexander, sino que su rostro quedó situado a la altura de mi entrepierna y para completar el acalorado panorama sus manos se sujetaban a mis muslos internos.
Sus grandes brazos abrazaban mis piernas desde afuera hacia adentro y le daba total facilidad para que sus manos se posaran donde estaban ahora.


“Creo que estoy viajando mucho más cómodo ahora” se burló.
“No te pases de listo, o te dejaré caer” dije completamente roja.
“Entonces me pondré más cómodo” me dijo con una sonrisa socarrona en su rostro.
Tuve que contener la respiración, cuando descansó su cabeza sobre mi muslo y eso lo dejó a unos pocos centímetros de mi entrepierna. De seguro mi rostro ya no estaba de un rojo escarlata, sino de un bordó de la pena que sentía y justo en mi momento de reflección Alex miró hacia arriba con un brillo tan intenso en sus ojos, que hizo que mis hormonas se revolucionaran al instante.
“Demonios, Eris, contrólate” me dije a mi misma.
“Qué rayos estás mirando?” le increpé.
“A ti”


Cielos, era sorprendente que aún fuera virgen y más sorprendente el hecho que no me haya engatusado como hacia con todas.
“Acaso piensas lo que dices?”
“Solo pienso en ti y en la posición privilegiada que me encuentro en este momento. De seguro soy el único que ha estado así de cerca no?” dijo petulante y en doble sentido.
“Creo que no es de tu incumbencia” escupí.
Sería tan sencillo dejarlo caer… pero luego tendría que dar más explicaciones, mejor lo dejo.
“No lo niegues, la otra noche…”
“No significó nada” le corté.
“Si, si lo hizo”
“Creo que te lo he dejado más que claro y por favor no sigas con el tema, dejemos que el caudal del río siga su curso”
Un silencio incómodo nos abrazó y lo siguiente que supe era que estábamos cayendo.


“NOOO!!” bramé.
Me sujeté con más fuerza a la cadena, y esta apretó tanto su agarre que de mi muñeca surcaron hacia abajo unos hilos de sangre.
“Nunca pero nunca vuelvas hacerme cosquillas, lo has entendido? Casi haces que nos matemos” dije con dientes apretados.
“Es que tienes cosquillas en las piernas?”
Solo asentí.
“Y cómo se supone que lo sabría?” dijo enojado.
“No era que Luz te decía todo sobre mi?” espeté.
 “Ya, pero eso no lo incluyó y se me hace tarea imposible no probarte cuando te tengo cerca”
“Alexander Pis Grand, ya basta. Estamos en misión” desvié.
Sin decir más seguimos bajando.


“Consíganse un cuarto, quieren?” nos dijo Carol demasiado divertida.

NM1una vez arriba de nuevo, tirar a Alex por el hueco del ascensor.

“Por dónde?” dijo Carol, una vez estuvimos fuera del conducto.
“Mejor nos dividimos” dije.
“De acuerdo, vamos” dijo ella tomando por el brazo a Al.
“Pero-“ trató.
Ni siquiera tuve que dar las gracias, ella lo entendía y aún no sabía cómo. Siempre provocaba eso en mí.


Me encaminé hacia la derecha y mis amigos a la izquierda, pronto me encontré frente a una fosa excavada a mano (o por garras).
No se veía el fondo, respiré hondo y salté hacia las profundidades. Estaba bajando por el laberinto de túneles, la única iluminación que tenía provenía del fuego demoníaco de mi mano y no alumbraba más allá de mis propios pies.
Había túneles tan estrechos, que a gatas si pasaba yo y después de dar la vuelta en la décima esquina algo me tomó por el cuello y me jaló hacia otro túnel en penumbras. Golpeé, arañé y mordí; pero sea lo que fuera no soltaba su agarre sobre mi garganta. Estaba asfixiándome cuando me lanzó por el aire y caí desplomada de espaldas sobre una superficie poco plana.
Me apoyé en mis manos para dar un empujón para erguirme y se resbalaron por la mal trecha superficie, ese extraño líquido espeso estaba por doquier; haciendo tarea imposible el levantarme.


“Luminate” susurré.
En seguida como pronuncié el conjuro, una esfera blanca del tamaño de mi puño se alzó hacia el techo de la caverna y destelló una increíble luz blanca.
Creo que mi desgarrador grito, resonó en todo el edificio. Mis ojos no aceptaban lo que veían, el suelo en el que yacía estaba cubierto de sangre, huesos y carne en descomposición. Arrastré mi mano izquierda por mi costado, hasta que palpé algo y ahí fue cuando grité soltando todo el terror y miedo reprimidos en mi interior.
Al girarme para observar qué era lo que estaba tocando, me llevé la sorpresa que era un rostro (en realidad medio) y estaba solo el lado izquierdo de este, sin el ojo y dientes. Si apenas aún conservaba algo de cabello y parecía como si la piel estuviese roída; ahí caí en la cuenta que esta no era ninguna caverna de desechos, sino que era el comedor de las crías.


Tan rápido como me di cuenta, miles de lucecitas rojas se aglomeraron en todos los túneles que desembocaban en el comedor y en tan solo dos segundos todos se abalanzaron sobre mi. Sus dientes mordían, rasgaban y mutilaban mi carne, pero la peor tortura era la regeneración celular y eso la hacía más doloroso aún.
En mi mente, el nombre de Endimion resonó tan alto que yo misma me paralicé y6 por un momento quise llorar.


Diablos, no podía morir aquí y no ahora. Mi poder se iba acumulando mientras agonizaba con cada mordida y llegado a este punto, ya ni siquiera me quejaba; fue entonces cuando los sentí.
“Demonios” gritó Alex.
“Que los vientos del Este hagan su voluntad” recitó Rach y todos los demonios se elevaron del suelo.
Traté de enderezarme, pero mi mal tratado cuerpo no tenía energía suficiente y el poder acumulado quería salir.
“Alex no me responde y está muy herida” llorisqueó Rach.
“Eris?” chilló Luz.
“Está viva, pero por poco” aclaró mi hermana.
“Hay que sacarla de aquí” sentenció Shion.
“Escúdense” dije torpemente.
No vacilaron, la abuela proyectó un escudo energético y tambaleándome me erguí.
“Púdranse en el infierno” le dije a la horda de demonios.


Así como una vez mí mano fue cubierta por una flama azul, todo mi cuerpo lo estaba ahora y como un tanque de gas propano estallé; incinerando todo a mí paso.
Tan pronto acabé con todos, caí  como un costal en el mugriento suelo y todos se abalanzaron sobre mí.
“Cielo resiste” sollozó Shion.
“A sus espaldas” murmuré.
En una de las entradas, se agolpaban el resto de los Trucks mayores y con una mirada desencajada por la vista de la matanza. Carol y Luz los eliminaron rápidamente, y aún más rápido me sacaron de allí.


Luz curó mis heridas, pero no todas pudieron cerrarse así que tuve que resignarme y ponerme vendas. Desperté alrededor de las cuatro de la madrugada, toda bañada en sudor y con los vendajes empapados en sangre; me levanté, tomé un baño y nuevamente me tiré en la cama.
Aunque no me había recuperado totalmente, decidí asistir al instituto e incluso conducir. La verdad era que varias de las heridas habían sanado mientras dormía y casi estaba como nueva.
Aparqué el mini Cooper solo unos segundos después de mis hermanas y Luz ya se encontraba a mi lado para ayudarme, no me negué aún me dolían las costillas.


Ni siquiera me dejaron llevar mi morral, estaba comenzando a cabrearme porque me trataran como una incapacitada y aunque eso me enojaba también comprendía que estaban dolidas por casi perderme de nuevo.
Entramos a la clase de química y Endimion ya se encontraba en nuestro puesto y con una mirada expectante por su parte, tomé mi lugar. Mi cuerpo aún resentía cada uno de mis movimientos, a los cuales respondía rechinando mis dientes y acompañando eso con unas notables muecas.
“Podrías haber respondido, aunque sea algunos de mis mensajes si no querías atender mis llamadas” me soltó de pronto.
Mi cara era un completo signo de interrogación y eso provocó que él suspirara.
“Tu celular, te he dejado fácil una docena de correos de voz y estoy más que seguro que también llené la bandeja de entrada de los mensajes de texto”


Ahora que lo mencionaba, con toda la revolución de ayer y con lo cansada (por no decir estropeada) que llegué ni había usado mi celular. Tiré de mi morral de calaveras y extraje el móvil del bolsillo interno, instantáneamente aparecieron dos carteles avisando que habían al menos veinte mensajes de texto y como mínimo unas quince llamadas perdidas; por no mencionar los ocho mensajes en el buzón de voz.
“Creo que olvidé sacarle el modo silencioso, disculpa y de paso me podrías decir cómo es que tienes mi número y a qué se debió este hostigamiento?”
“E…Esto…Yo…”
“Estoy esperando, así que podrías hablar de corrido”
Al segundo en boca soltó aquello, me arrepentí instantáneamente y mis ojos destellaban súplicas de perdón.
“No me creerías, así que déjalo y aquí no ha pasado nada” trató.
“Ni loca, pruébame, has que te crea”
“Es que sentí que gritaste mi nombre en mi cabeza y pensé que algo te había sucedido; créeme que me asustó lo fuerte que sonó, no solo en mi mente sino también en mis oídos. Y conseguí el número de celular de Scott.
Cuando, supongamos te escuché, llamé a Scott y le pregunté si tenía tu móvil.
Cuando me preguntó para qué lo quería le mentí sobre una presentación de francés y me lo dio.
Ahora, entonces, qué se supone que te sucede y perdón que me exprese de este modo. Estás hecha un asco.”
“Me caí por las escaleras ayer por la noche y gracias por lo de asco” dije antes de poder detenerme.


Cómo era posible, qué rayos tenía este chico que hacia que me comportara de ese modo y le diera tantas explicaciones y a su vez, me metiera en tantos problemas.
“Cómo fue que rodaste por las escaleras?” preguntó, sin creerme.
“Tropecé con mi gato, desde un tiempo a esta parte estoy demasiado torpe y no me fijé por dónde pisaba” dije ofreciéndole mi mejor sonrisa.
“Gracias”
“Eh? Por qué?”
“Es la primera vez que respondes a una pregunta directa sobre ti en este idioma y también es la primera que me hablas de ese modo”
Me puse roja como un tomate y mi carácter emergió.
“No te ilusiones principito, aún no me caes bien y esto solo fue porque no tengo humor para pelear hoy” dije en tono hostil.
“Bipo”
“Cómo has dicho?” inquirí.
“Nada, solo nada” y suspiró.
“Eres exasperante” refunfuñé.


Las horas seguían pasando, llegando a la insoportable hora de álgebra y todo se fue a pique literalmente. Nos habíamos acomodado y el Sr. Dargus impartía la clase. Mi vista captó, a través del ventanal de la puerta la figura de un demonio y mis poderes se activaron.
No pude elegir el mejor momento para realizar una expansión de energía, todas las hojas y cosas que hubo a mi alrededor salió volando.
“Qué…”
Antes de que me diera cuenta, Luz había abierto las ventanas y eso disimuló un poco lo ocurrido.
“Cierren las ventanas” gruñó Dargus.
Luz me miraba perpleja.
“No me digas, está aquí?” dijo irónicamente.
“Acaso te volviste demente?” gritó mentalmente Carol.
“Lo siento, no fue a voluntad” me quejé.
“Bueno qué haremos?” quiso saber Rachel.
“Matarlo, soquete!! La riñó Luz.
“No dentro de este lugar, los humanos serán dañados” convino Carol.
“Creo poder ocuparme de ello” les informé.
“Cómo? Ah, ya lo tengo, primero dejas K.O. a cuántos?... Mmm... Quizás dos mil estudiantes sin contar profesores y los encierras en el gimnasio. Y luego lo matamos” dijo  golpeando la parte lateral de su puño en su palma abierta.
“Mira y aprende” me burlé.

Concentré mi poder en mi mente y deseé fervientemente hacer lo mismo que contra el Dorian; también me concentré en poder manipular la mente del Sr. Dargus por si todo salía mal.
Luego de un interminable minuto, al abrir los ojos todos estaban inmóviles y mi capacidad al límite del agotamiento.
“En marcha” les dije.

 “Qué has hecho?”
“No lo tengo muy claro y tampoco sé cuánto aguantará, así que démonos prisa” zanjeé.
“Se dirige a la cafetería” apuntó Rach.
“Qué será esta vez?” exclamó Luz.
“Un Kork, ellos tiene el poder de usurpar cuerpos humanos y por ende lo que encontrarán será un humano” les dije.
“Pero no podemos matarlo” bramó Rach.
“Ya está muerto, los Kork no solo se alimentan de sangre. Sino también del alma de la víctima y eso solo nos deja una cáscara.
Sin mencionar que va carcomiendo la carne desde adentro y genera una putrefacción y la cual no es inodora” repuso Luz.


Nos encaminamos por el pasillo, en dirección a la cafetería y a cada paso que daba me costaba cada vez más. Sentía de plomo mi cuerpo, como si una especie de presión se ejerciera sobre mí y gotas de sudor bajaban sucesivamente por mi cuello y sienes.
“Ustedes vallan, yo me quedaré por si quiere tomar un nuevo corredor” mentí.
“Ten cuidado, llámanos si lo ves. No puedes hacerle frente sola” me dijo Carol.
Yo solo asentí. Giré por el pasillo de regreso a la clase; mi poder menguaba y en cualquier momento todo escaparía a mi control. Y estaríamos en serios problemas.
“No, debes concentrarte” dije en voz alta.


La presión aumentaba, haciendo que cayera de rodillas al suelo y me soportara con mis manos. El mantener aquello requirió de un auto control, que me sorprendió tener.
Me desdoblé y traté de ubicar a mis amigas, ellas estaban registrando cada centímetro de la cocina pero el demonio ya había salido de allí. Lo encontraron acechando el salón de biología, al tiempo que la inmundicia giraba mis hermanas se lanzaron sobre él.
Increíblemente, los dedos del Kork se alargaron semejándose a los tentáculos de un pulpo e inclusive con ventosas y todo.
“Cuidado” grité.
No sirvió en lo más mínimo mi advertencia, ya que fueron aprisionadas por los tentáculos y supuse que les rompería todos los huesos; pero me equivoqué.
Las ventosas, mordieron sus delicadas pieles y comenzaron a extraer la energía vital de mis hermanas.
“Tengo que ir, ellas me necesitan. Como odio a los demonios! Grité de pura impotencia.
Traté de erguirme de mi postura, la cual consistía en haberme convertido a mi misma en un ovillo sobre mis rodillas y con la frente pegada al piso; pero fue inútil. Si enfocaba mi poder en tan siquiera moverme, inmediatamente perdía el control sobre lo que nos escondía.
Mi voluntad cedía segundo a segundo y cuando creí perder hasta la última de las esperanzas, unos cálidos y fuertes brazos me rodearon y me atrajeron hacia un corazón palpitante lleno de calor que desplazó el frío alojado hasta en el centro de mis huesos.
“Todo está bien, tú no puedes caer y menos por esto” me decía.


Era una voz que me llenaba de alegría y me brindaba fuerzas y esperanzas, que hasta el momento había abandonado. Esa presencia la conocía, era la misma que hacia que me estremeciera de la cabeza a los pies y a su vez, me hacía romper todas y cada una de las reglas.
“Deténgalo, va hacia Eris” gritó Luz.
“Infiernos, es demasiado rápido. Eris, me escuchas?” decía Rach.
La situación me sacó de golpe de mi sueño y me enfoqué en el demonio, era demasiado rápido en menos de cinco segundos había desaparecido del corredor donde se enfrentó a mis hermanas. Quise alzar mi cabeza para ver a mi pilar, pero en el ínterin el demonio estaba parado frente a mí y frustró mi plan propinándome una patada en las costillas.


Volé al ras del suelo al menos unos cinco metros, hasta que un bebedero fue el que finalizó mi recorrido; incrustándose el vértice de este en mi espalda.
Ni siquiera pude moverme, cuando el Kork me tomé por el cuello y me levantó hasta que las puntas de mis pies rozaban el suelo. No podía permitirme poner atención en otra cosa que no fuera mi poder, aún significando el costo de mi vida y al parecer el monstruo se percató de ello.
Acercó su rostro a mi cuello y su lengua se arrastró desde mi clavícula hasta mi mandíbula, la rigidez y aspereza de la misma dañaban mi piel.
Además de la viscosa  y ácida saliva, tenía un nauseabundo olor a carne muerta.


“Mm, eres exquisita para ser una Invilreus. Aunque un podo diferente del resto y eso solo incrementa mi deseo por ti.
He soñado con tu sangre desde hace siglos y ve ahora, te tengo justo entre mis manos. Será la mejor de las venganzas, su hija muerta por mi” siseó justo frente a mi rostro.
El hedor de sus fauces, era intoxicante y poco a poco mi visión se llenó de puntos negros; mis latidos disminuyeron y mis oídos pitaban ensordecedoramente. Lo sé, lo sé, me estaba muriendo o mejor dicho, asfixiándome y no podía pelear; no cuando ellas dependían de mi para no ser descubiertas.


Para mi sorpresa, las manos del demonio soltaron mi cuello y caí cual costal de patatas al helado suelo.
“No la toques, pedazo de estiércol.”
“Si osas ponerle un dedo encima tendrás que pasar sobre mi cadáver y te aseguro que no soy fácil de matar.”
“Y sobre el mío.”
“Y el mío…”

Aún jadeaba por aire, cuando oí lejanamente las voces de mis amigas y mi corazón dio un respingo de esperanza; pero temía por sus vidas. Mi vista no se había recuperado, pero ya no veía oscuridad si no borrones de movimientos y demasiado turbio como para distinguir las figuras.
Pude oír algunos golpes de los cuerpos al estrellarse, cosas romperse y fragmentos de concreto y vidrio llovían sobre mi.
“Ser que duermes en las profundidades de la oscuridad, guardián de lo que fue, es y será. Responde a mi llamado y enlaza tu poder al mío.
Ogste ni Fer.” Recitó Luz.
Diablos, tendríamos suerte que los cimientos de la escuela soportaran el conjuro y más suerte aún si nadie salía dañado. Todo a mí alrededor tembló, cuando una intensa luz blanca que luego se volvió roja destelló a través del cuerpo de Luz y nos dejó momentáneamente ciegas.

“Te volviste loca, cabeza de cerilla?” le gruñó Rachel.
“A quién le dices cabeza de cerilla, Barbie retrasada” le devolvió ella.
“Ustedes, basta. No es momento para eso” regañó Carol.
“Cómo te encuentras?” me preguntó Luz.
Tratando de soltar solo un poco el agarre que tenía, intenté responderle y solo salieron palabras entrecortadas.
“Media asfixiada, cuatro costillas rotas y mis poderes por el suelo. Fuera de eso bárbara, por qué?!
“Bueno señorita mira y aprende, calavera no chilla” espetó Carol.
Solo asentí, podía sentir el filo de una de las costillas comenzando a lacerar mi pulmón.
“Luz, sánala” le ordenó Rachel.
“Primero, no me des órdenes y segundo no puedo.”
“Cómo que no puedes?”
“Solo puedo curar heridas que fueron inflingidas, no las que se causa ella misma y disculpen mis limitaciones” dijo sarcásticamente.
“No te preocupes, me recuperaré en unas horas y Rach no la trates así. Ahora si no les molesta, me regresarían al aula? Es que ya no puedo soportarlo más.”
“Estuviste camuflándonos, mientras el demonio trataba e matarte?” preguntaron todas confusas.
Me encogí de hombros.
“Volvamos, ya no me quedan fuerzas y mi visión se está oscureciendo de nuevo.”


Las tres se dieron una cómplice mirada y Luz me ayudó a levantarme, soportando casi la totalidad de mi peso. Llegamos a nuestro puesto, me depositó los más gentilmente que pudo y fue a sentarse en su pupitre.
“De acuerdo, suéltalo” me dijo.


Hice como me dijo y no puede evitar quejarme del dolor tanto físico como mental.
“Sta. Strauss, qué le sucede?” increpó el profesor.
“Nat…”
“Tiene las costillas fisuradas, es que se calló ayer entrenando y necesita no moverse mucho” explicó Luz.
“Oh, hubiese sido mejor que lo informara apenas entró y la hubiera excusado de la clase” dijo.
“Lo lamento, pero me sentía bien hasta hace un segundo” me disculpo.
“Bueno, vaya a la enfermería y que la excusen del resto de sus clases. Debe descansar.”
“De acuerdo, muchas gracias profesor”
Acomodé mis cosas dentro del bolso y me paré para irme, todo lo que me rodeaba se inclinó notablemente al punto de que mi rostro estaba cerca del piso.
“Cuidado” me susurró al oído.
Era la voz de Endimion, y sus musculosos brazos rodeaban mi torso por debajo de mi busto. Mi espalda presionada contra su torso, su aliento sobre mi cuello y el insoportable ardor de mi tatuaje por su cercanía.


Pero nada era comparable, con la extraña sensación que tenía lugar en mi vientre ye so me dejaba más que descolocada. Vale, no soy idiota y sé qué significa esa sensación, pero no quería tenerla por él. No por un simple y frágil humano.
“Sr. Gray, acompáñela a la enfermería y cerciórese que llegue entera” gruñó el profesor porque estábamos demorando la lección.
Endimion asintió, me enderezó y salimos por la puerta. Apenas la hubo cerrado, mis piernas flaquearon y estuve muy cerca de golpear el piso si él no me hubiera cojido por debajo de los hombros; sus dedos rozaron levemente el costado de mis pechos.
No lo pude contener y gemí suavemente por su contacto, a la vez que un estremecimiento bajaba por mi columna. Para mi desgracia, él me oyó y se congeló ejerciendo más presión de la deseada a mis pobres costillas.


“Me…” intenté.
“Si?” dijo acercando su rostro al mío.
“Me duele” lloré.
“Lo siento muchísimo, no era mi intención…”
“No te preocupes.”
Con un asentimiento de cabeza, posó su mano sobre mi espalda justo donde me había golpeado y solo pude encogerme; lo cual causó un gran dolor a mi cuerpo.
“Qué?”
“Nada, es solo que me golpeé varias veces” dije apenada.
Apenada?!!! Diablos, traigan el chaleco de fuerza y prepárenme una habitación acolchonada.
“Estás un poco despistada últimamente no?” increpó.
Me tomó por la barbilla e inclinó su rostro, al tiempo que elevaba el mío. Aunque muera negándolo, pensé que me besaría y mis labios cosquillaban de anticipación.
Pero mi alucinación no siguió por ese rumbo y caí en lo que estaba observando. Aún no se me habían  ido las marcas de los dedos y rasguñotes de mi cuello.
¡Qué te sucedió?”
“Ah esto, nada solo peleaba con Rach y ella se niega a cortarse las uñas.”
“Peleabas con ella?”
“Sip, practicábamos defensa personal” me encogí de hombros.


No estaba segura de que hubiera tragado mi patética excusa, pero al menos fue lo bastante caballero y no volvió a preguntar; tan rápido como podía, ya que me costaba respirar, caminé hasta la enfermería.
La enfermera se reía, al tiempo que me regañaba por lo distraída que he estado y que en estos últimos mese he pasado más tiempo en esa camilla que en toda mi vida.
A mi no me hacia gracia en lo más mínimo, en cambio End se veía sumamente tentado y nuevamente se comportó dándome una sonrisa que hizo que algo se derritiera dentro de mi.


Oh por todos los dioses, es que acaso me estoy volviendo retardada? No puede gustarme ya demás el idiota vive para cabrearme. Claro, Loki debe estar jugando con mi cordura y quién mejor para hacerlo que él.


Me excusaron del resto del día, peor la peor de las interrogantes surgió en los labios de mi ahora nueva amiga cuando preguntó cómo me iría a casa.
“Yo la llevo, claro que si puede excusarme de las clases y no es porque no quiera estar aquí. Me gustaría saber que está bien” dijo End.
La enfermera estaba encantada, mientras extendía el respectivo certificado y yo permanecía como idiota con la boca abierta. El esfuerzo comenzó a pasar factura, por lo que no pude mantenerme en pie y me ayudó a recostarme. La enfermera se disculpó y se dirigió a la oficina del director para entregar los comprobantes.
“Nos vamos?” me dijo.
“Lo siento, pero no puedo moverme y tengo nublada la vista” dije apenada.
No me avergonzaba hablar con él, sino el hecho de tener que admitir que necesitaba su ayuda.
“Mmm....., déjame ver. No puedo cargarte en brazos, cómo se supone que te lleve y además de en qué te llevo” decía más para si que para mi.
“Tengo el mini Cooper, le aviso a mis hermanas que lleven la motocicleta y mañana te la traemos. Y para volver a tu casa, te puedes llevar mi auto.”
Cielos porque mejor no tomo una 32 y me vuelo la tapa de los sesos?
“Solo si quieres” añadí rápidamente.


La socarrona sonrisa y el brillo en esos ojos media noche, decían que tuvo la mejor y obscena idea que se le hubo ocurrido.
“Qué?” dije a la defensiva.
“Solo no me golpees, vale?” me pidió.
“Eso depende.”
“Solo se me ocurre esto, así que no lo hagas más difícil.”
Tragué con fuerza, mientras que su mano derecha sujetaba mi espalda y con la izquierda mi cadera; haciendo que me sentara con las piernas colgadas frente a él.
“Recuerda que prometiste no golpearme” demandó.
“Yo no he prometido tal cosa” chillé.

“Bueno ahora te lo pido, lo prometes?”
Levanté mi mano derecha y con la izquierda dibujé una X sobre mi corazón, con una de las sonrisas más encantadoras que jamás vi se acercó a mí y me separó las piernas ubicándose muy cerca de mí.
Situó sus manos en mi espalda, a nivel de los riñones y empujó mi cuerpo hacia delante pegándome más al suyo.
“Hey qué estás haciendo?” dije empujándolo con mis manos su musculoso pecho.
Por más que tratara, mis costillas hacían destrozos en mi sistema nervioso y él aprovechó para tomar mis manos y pasarlas por su cuello a la vez que hacia eso, bajaba su cuerpo hasta que su cadera estuvo a pocos centímetros por debajo de la camilla y me susurró al oído.
“Cierra tus piernas alrededor de mi y abrázate a mi cuello.”
“Ni loca, es que estás demente?”
“Si lo prefieres ver de ese modo” dijo en un encogimiento.
“No puedo creer que me hagas hacer esto, por lo que me queda de dignidad espero que nadie nos vea.”


Abrí los ojos, para encontrarme con un puchero realmente caliente en sus labios y quién podría rehusarse. Reclinó mi cuerpo y deslizó sus manos hacia abajo desde la cintura, pasando por la cadera y deteniéndose en mis muslos.
“Maldito pervertido, quítame las manos de encima”
Traté de que sonara como una protesta, pero solo me salió como una súplica en doble sentido y él estrechó su agarre en mis piernas. Me cargó por el pasillo como si pesara diez gramos, no oí ni una sola queja y eso me encantó.
“No te peso?” le pregunté.
“En lo más mínimo, en verdad no pesas nada.”
“Si que peso” protesté.
“Pues a mi no me parece, pero veamos” dijo alzándome unas cuantas veces, como si tratara de pesarme.


Con aquel movimiento, hizo que mi vergüenza explotara al punto que mi rostro parecía una langosta ahumada y lo único que pude hacer para ocultarlo, fue enterrar mi cara en su cuello.
“Espera, me haces cosquillas” dijo entre risitas.
“Idiota.”
Luego de semejante escena, recorrimos el resto del trayecto en silencio y llegamos al auto.
“Bueno bájame, así puedes abrir cómodamente” le dije.
“No, yo puedo y además no quiero bajarte” dijo.
Además lo único que te bajaría serían los jeans, pero….
El escuchar semejante pensamiento proveniente de él, me aterrorizó y me puse rígida. Estaba petrificada por su doble sentido, por lo que no me percaté de que me había apoyado contra el auto y solo me sostenía con su cadera; mientras con una mano trataba de destrabar la puerta y la otra la situaba a uno de mis costados.
Un jadea se apoderó de mi garganta y mi respiración se aceleró, cuando sentí su notable hombría presionando la parte baja de mi cadera. Muy bien Eris, el chico está bien constituido y es atractivo, pero basta con esto ya es cruzar la línea. Me regañé. Encontré su mirada y me olvidé de cualquier regla autoimpuesta.
“Creo que te dolerá un poco, pero seré lo más suave que pueda”


Me depositó lo más suave que pudo, aunque mis dientes castañeaban por el dolor, se subió del lado del conductor y nos dirigimos a mi casa. El viaje transcurrió en silencio has que llamé a Shion y le comuniqué que llegaría con visitas; lo cual quería decir que bajara el muro de protección.
Quiso saber qué había sucedido y le pedí si lo podríamos hablar más tarde, por suerte accedió y corté el llamado.
End no preguntó nada y seguimos el viaje en silencio.


“Vira a la derecha en el próximo sendero y al final encontraras la casa” le indiqué.
“Wow!”
“Qué?”
“Los rumores son ciertos, vives en el medio del bosque y es bellísimo.”
Enarqué una ceja, rolé, los ojos y me giré para seguir viendo el paisaje por la ventana; nunca me cansaría de este. Llegamos a los pocos minutos, volteé a ver a End y casi si le estaban saliendo los ojos.
“Tu vives aquí?”
“Sip, qué te parece feo?”
“No, es un lujo.”
De acuerdo mi casa es grande, y si con lujo se refería a las tres plantas y la extensión de 380 medidas cuadrados  de construcción, podríamos decir que si.
“De acuerdo, vamos.”

No había caído en la cuenta que se había bajado, hasta que lo tuve a mi lado y extendiéndome sus brazos.
“No creo que sea buena idea” dije ruborizándome.
“Oh, oh. Tienes razón.” Dijo apartando la mirada.
Bajamos del auto y entramos a la casa, en un segundo estaba Shion parada junto a mí.
“Qué sucedió?”
Antes de que pudiera articular palabra, Endimion respondió y yo me puse rígida.
“Sus costillas la estaban matando, la enfermera la excusó de las clases y yo la traje.”
Shion me miró sospechosamente, pero no dijo nada y le indicó el camino a mi dormitorio. El pánico me inundó y Endimion interpretó mi preocupación con dolor y me tomó en brazos nuevamente, emprendiendo el camino que le había indicado la abuela.


“No te preocupes, Shadow está tranquilo y se comportará” me dijo.
Un suspiro de alivio salió de mi boca y ahora me sentía más liberada.
Llegamos a mi puerta, me bajó y diré la perilla; aún sujetándome me posó delicadamente en mi cama.
“En verdad eres como un emo, no?”
“Hey, no juzguéis o seréis juzgados” me quejé.
“Pero digamos que es verdad, las paredes con blancas, las sábanas de seda y el cobertor son negros; el espejo tiene marco negro. No soy yo, son los hechos.”
“Mira, me gusta muchísimo el negro y el blanco; así que si eso me convierte en emo… que así sea.”


Mientras peleábamos, se oyó un maullido y seguido un largo siseo. Yo sabía que no le gustaba nada que End estuviera en mi habitación y menos cerca de mí, así que palmeé el colchón y él se subió de un solo salto. Se enroscó sobre mi cuello ronroneando y lamiendo las marcas de allí.
“Shadow?” preguntó End.
“Sip” dije como niña pequeña.
“Cómo diablos tienes un tigre blanco como mascota?” inquirió.
Solo me encogí. Mal movimiento y mis costillas crujieron.
“Otro de los regalos de Alexander?” quiso saber, con tono medio molesto.
“No, solo apareció y me lo quedé. Claro, que hicimos los papeles correspondientes. Solo es un gato grande.”
“Si, claro. Y yo tengo alas.”

El silencio inundó la habitación, me estaba quedando plenamente dormida y Endimion se excusó diciendo que mejor sería irse. Lo paré tomándolo de la mano y obligué a mis párpados abrirse y mirarlo.
“En verdad, gracias.”


1 Nota Mental.

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