Capítulo 15: Discoteca.
Estaba presionada entre una pared y el cuerpo de Endimion, sus labios rozando peligrosamente los míos; su aroma embotándome los sentidos.
Solo podía sentirlo a él, tan cerca de mi y su dulce susurro.
“Por qué te resistes, sabes que estamos destinados. A mi podrás negármelo, como a los demás, pero no te engañes a ti misma.”
“No… yo… tu….te…” tartamudeé.
Trataba de decirla las palabras, pero era como si estuvieran soldadas a mi lengua y algo dentro de mí gritaba que cerrara esta puerta y tirara lejos la llave, donde nadie pueda encontrar nunca jamás. Era como si mi alma rechazara a End por alguna razón, que debería ser muy obvia y ante la cual estoy totalmente ciega.
Y qué pasa con Alexander? Me digo a mi misma.
Endimion ve mi vacilación y como si nunca hubiera estado allí, desaparece y en su lugar se encuentra Alex mirando con algún extraño sentimiento en esos ojos de cielo que no puedo descifrar.
Acaso será odio? Vergüenza? Recelo? Dolor? Amor?
“Alexander, espera…”
Seguí murmurando su nombre y sentí que algo me sacudía por el hombro.
Abrí los ojos y con mi mejor voz pastosa, reprendía a la persona que había tomado posesión sobre mi hombro.
“De acuerdo, ya me desperté. Deja de zarandearme y por favor, dime que ya amaneció” llorisqueé.
“No, oye lo siento. Cómo te sientes?” me preguntó Luz.
“Como si un Scania me pasara por encima?”
“Veo que recuperaste el sarcasmo de nuevo, buena señal y hey, te he traído comida” me alentó.
“Gracias, por cierto qué hora de la madrugada es?”
“Son las dos de la mañana, ya sé que qué hago levantada y bueno, estaba preocupada por que no te despertabas. He estado cuidándote con Alexander.”
“Oh, gracias y ves que estoy mejor. Así que descansa un poco, lo necesitas y dile al resto que me encuentro bien; es que no dejan de removerse inquietas en sueños. Lo haría yo, pero…”
“No quieres usar aún tus poderes, lo comprendo no te preocupes. Te quiero mucho y descansa, tu lo necesitas más que ninguna otra persona.”
“Buenas noches” le dije.
“Igual para ti, petit angel.”
Al salir dejó la puerta entre abierta, para poder oír si necesito algo y también para quedarse más tranquila.
Odio que me traten como si tuviera cinco años y se olviden de que solo me llevan unos cuantos meses, pero así han sido siempre; Rachel se había esforzado esta vez, pese al cansancio había cocinado lasaña y le había puesto ricota como a mi me gusta.
Me devoré la doble porción, en tan solo cinco minutos y me había quedado sin nada con que bajarla en la mitad de la degustación del platillo. Por ende, tuve que levantarme e ir a la cocina por más bebida.
Tomé una larga, relajante y estimuladora inspiración, y con el impulso de la exhalación salté fuera de la cama; mis huesos crujieron y mis músculos protestaron con tal apresurado movimiento pero no les hice caso. Estaba sedienta y aún tenía hambre, debido a que había caído en un sueño de más de doce horas.
Con la ligereza de un gato y como si fuera parte de la oscuridad de la noche, pasé a ser una mancha totalmente blanca en dicha penumbra, me deslicé por el corredor hacia las escaleras y por las mismas hasta la planta baja en el ala oeste de la casa.
Me detuve abruptamente frente al gran ventanal de vidrios blindados que dan al lateral izquierdo de la casa y que está situado entre las puertas de roble que conducen a la escalera que utilicé y la de la lavandería y la cocina. Alex se encontraba de pie a unos buenos veinte metros de la casa y sostenía su teléfono móvil contra su oreja izquierda, se notaba que no era una platica muy agradable puesto que su ceño fruncido desentonaba notablemente con su apariencia de ángel musculoso bajo la luz de la luna; solo se requeriría unas alas blancas y quitarle los flojos shorts de fútbol que llevaba…
Paré en seco mis pensamientos ahí, ya era bastante difícil sobre llevar el que mi tatuaje reaccionara con él y que también el que lo supiera; pero como no reconocer lo que podría compararse con los antiguos dioses griegos?
Sería tan placentero rendirse a aquellos brazos fornidos, que tantas veces me han sostenido y también agarrarse con uñas y dientes de esos impresionantes, grandes, redondeados y suculentos hombros. Como también recorrer con mis manos aquel desnudo torso perfecto, con toda esa piel tersa y con leves cicatrices por sus entrenamientos (lo que lo hacía muchísimo mejor). Inspeccionar minuciosamente cada centímetro de ese incitante estómago, bajar hacia su vientre y seguir aquella línea de bello rubio oscuro que se pierde bajo la cinturilla elástica de ese inoportuno shorts.
Sería tan fácil, tan acogedor y estoy casi segura que la promesa implícita que aquel caliente cuerpo dejaba a la imaginación la mejor noche y amante que nunca conoceré.
Suspirando profundamente, relajé los hombros y noté como el aliente me salía en una vaporosa nube y el pecho se me agitaba ante la expectativa de lo que mi mente fantaseaba hace un momento.
“Sería tan fácil” me dije en voz alta.
Decidida por mi recientemente descubierto deseo, caminé a paso firme en su dirección y retorciéndome del frío.
“Claro que no, como se te ocurre? Supongo, que no tengo más opción que subirme al avión y volver allí. A qué hora parte el vuelo que me has reservado?
De acuerdo, me apresuraré, adiós Madre.”
Entonces se percató de que alguien lo observaba y se giró, al tiempo en que abría como platos sus ojos al reconocerme.
“Hey, era tu madre?” le pregunté cohibida.
“Si, ha surgido algo y debo volver inmediatamente. Ya ha reservado mi asiento en el próximo vuelo” dijo agotado.
“A qué hora parte?”
“En hora y media.”
“Te ibas a ir sin despedirte?” no pude controlar las palabras.
Tampoco le di tiempo para responderme, puesto que me giré hacia la casa y le hablé sobre el hombro.
“Dame diez minutos para bañarme y luego te llevo al aeropuerto.”
Debajo de la ducha, trataba de entender mis sentimientos con respecto a su partida y siempre obtenía el mismo resultado; un dolor en el pecho y un vacío insoportable. Traté de compararlo, imaginando, la partida de Endimion y como lo supuse esas emociones se incrementaron. Me recordé a mi misma que solo era una ilusión y que lo vería en la mañana, pero el que no estaría sería Alexander.
Salí del baño, sequé mi cabello y me vestí con una falda negra plisada, converse negras altas hasta la pantorrilla y una polera de modal del mismo tono. Tomé mi campera de invierno del perchero y caminé hasta su dormitorio.
“Pasa” me dijo antes de que tocara.
“Nos vamos?” le dije reclinada sobre el marco de la puerta.
Se distanció de la maleta que tenía abierta sobre la cama y se acercó extendiendo su brazo hacia mí, si un paso atrás como si su tacto me produjera un profundo dolor.
“Voy a calentar el auto, te espero ahí hasta que termines” dije y me fui.
Pude oírlo maldecir, sé que no estuvo bien pero qué más podía hacer? Me senté en el asiento del conductor, tan inmersa me encontraba que no lo escuché acercarse y salté golpeándome la cabeza contra el techo del auto.
“Podrías hacer un poco de ruido no? Auch” lloré.
“Lo lamento” dijo sentándose.
Arranqué y nos fuimos hacia el aeropuerto.











































































Me encanto!!
ResponderSuprimirPlix quiero el proximo!!!
Con cariño,
yop: L.V.J.V.M.D.S.